Catálogo (Es)


ISBN_ 978-84-697-8799-1

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  1. transportArte. UNA PREGUNTA | RESPUESTA_ Sylvia Molina
  2. DOS HUELLAS. Huella de Estancias y Huellas de Viaje_Javier Osona
  3. TRAYECTO de un Deseo. TRAYECTO de un Museo_ Lola Serna
  4. UNA CAJA (y no morir en el intento de volverlo a empaquetar)_Guillermo Navarro
  5. CUADERNO DE VIAJE_ Fátima Zohra
  6. MUSEO QUE VIAJA. De la web a las redes_ Daniel del Saz
  7. CUERPO ROBOTIZADO_ Joaquín Díaz
  8. ARTESONÍA CORPORAL: Panspermia Electroacústica Propiocepción_Un concierto Panspérmico_ Julio Sanz Vázquez

 

transportArte. Una Pregunta | Respuesta_ Sylvia Molina

Abro el doc, tengo que hacerlo. Las ideas no existen hasta que se escriben. Pues a ello.

Tiene que ser algo dinámico, abierto, vivo. Ha de viajar. Como el flanêur. Por el tiempo y el espacio. Pero de forma física. Si. Correcto. Viajar es la clave. La otra, el Arte.

—¿Cómo podría llamarlo? –me digo a mi misma

—¡transportArte! –me respondo

Juego de palabras. Muchos conceptos en su semántica. Entro en la web. Busco una caja y una tipografía estilo stencil. Ahí está.

La forma de crear el nombre, proponer un logo y hasta la plantilla para explicar el concepto nacen de forma natural, sin pensar, sin dilucidar el que sería. La idea estaba a flor de piel. Deseando nacer. Esperando un instante, un momento, un atrevimiento.

— Ya puedo enviarlo. Ya está. Ahora a ver que opina el resto, ¿entenderán la propuesta?, ¿se atreverán al modelo de creación planteado?, ¿a las preguntas como constructores de respuestas?

Decía Maturana que en la naturaleza de la pregunta, se encuentra la naturaleza de la respuesta. Nos encontramos con preguntas sin resolver año tras año. Quizá sea porque no hemos dilucidado bien la naturaleza de la pregunta. Quizá la pregunta no era la adecuada. Este año la pregunta, como respuesta, es ‘transportArte’.

Se generan grupos de trabajo. Se debaten ideas. Se autogestiona un proyecto cuyo contenido y continente es elástico y dinámico. El museo es una caja, adaptable, abierta, que evoluciona en la propia genética de la propuesta. Pequeños ingredientes van dibujando la idea, van construyendo el proyecto.

El museo va tomando forma, tamaño y lugar de envío. Los equipos comienzan a trabajar de forma paralela. Web, redes, diseño, packaging… se conjugan con ideas, contenidos, propuestas… ‘transportArte’ se dibuja en el espacio y plantea una fecha de salida. El timeline ya no es elástico. La caja ya no es de cualquier dimensión. El catálogo como postal. Los textos casi como tweet

El proyecto se va esclareciendo, dibujando, conformando. La respuesta a la pregunta, efectivamente, estaba en su propia naturaleza.

Un complejo sistema que se construye en el debate, en la Docencia con mayúsculas, en la creación consensuada y en los altibajos ante el ninguneo económico con el que nos abren las puertas. Todo crece de forma rizomática. Me doy cuenta que parece un pastel con levadura sin molde. Que se expande en todas las dimensiones. transportArte camina y avanza. Ya no hay vuelta atrás.

El concierto-performance pone fecha de salida. El taller de Panspermia(*) se enfrenta a un nuevo sentido. Propiocepción. Mejor hubiera sido ir al gusto y no complicarnos. Pero así funcionamos. Las ideas pueden más que las certezas. Las ganas más que el desborde de trabajo más allá del aula y los horarios.

transportArte se convierte en parte de nosotros y sabremos dónde está aunque no podamos verlo.

(*) http://fuzzygab.uclm.es

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DOS HUELLAS. Huella de Estancias y Huellas de Viaje. Javier Osona

Hablamos de huella y solemos dejar su sentido reducido a la marca de la pisada o de las manos, pero en el instante en que ésta se produce también nuestro zapato se desgasta, se modifica y se lleva algo de polvo, tal vez nuestra mano también algo de grasa, y olvidamos la otra cara de la huella como señal o rastro que deja una cosa o un suceso en nosotros. Dejamos algo y también algo nos llevamos.

El camino y su recorrido, lo que queda atrás y lo que sucede en ese instante, el lugar del encuentro entre caminante y espacio transitado. Dos tipos de huella, la que deja el transeúnte en el camino al moverse pero también la huella que deja el lugar, el espacio que va ocupando, en el propio viajero. Positivo y negativo al unísono, sin poder descifrar quien es quien.

Dos huellas bien distintas. La huella que registra la estancia de un cuerpo en un lugar al moverse, el rastro, el vestigio dejado, la memoria del viaje y de lo viajado. Y la huella como modificador del estado del viajero, y que sucede en el momento de la intervención del lugar sobre este sujeto. Se retroalimentan, la una no es posible sin la otra, y en su presente coexisten.

Desde aquí nace ‘transportArte’, sus dos huellas, una en el espacio recorrido en el viaje, su estela y su trazabilidad, y la otra en el interior de la caja-museo que se modifica al dejar su señal los que asisten a su apertura y exposición, y en su interacción la modifican y la trasladan a otro “lugar”.

Actualización en el siglo XXI del modelo de viajero de hace doscientos años, para quien lo importante no era el destino, el llegar de forma más o menos urgente, sino el propio camino sin tiempo, sus experiencias, las pisadas en su tránsito y el rastro que en él dejaba el viaje.

En sus etapas, ‘transportArte’ recibe nuevas huellas, también va dejando otras, se cierra de nuevo y se le despide con festejos, se le acoge en su nuevo destino, se celebra, se abre… se convierte en receptora de nuevas huellas y reinicia su tránsito interior, y se cierra… e inicia su nuevo tránsito por el mundo.

Y en su nueva estancia, en su nuevo lugar de destino, no sólo modificará su dónde está, sino que también conseguirá modificar su qué, su cómo, su porqué… e incluso su quién, y se convierte por las huellas de otros transeúntes en su particular destino,  en ‘transportArte’.

Todo aquí es impronta, huella de estancias y huellas de viaje.

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TRAYECTO de un Deseo. TRAYECTO de un Museo._ Lola Serna

Dientes de león (Taraxacum Officinale)  recolectados con la necesidad de lo ilusorio, de  lo que puede o no suceder. Pequeño gesto de salvaguardarlos del caprichoso viento regalándoles  permanecer un poco más del tiempo impuesto por la naturaleza.

Esparcidos al borde de un terreno baldío entre herbazales, les indulto de la fragmentación y el olvido. Volver a la niñez y pedir un deseo, imaginar que será concedido.

Y que es el deseo más que un movimiento intenso de la voluntad hacia la consecución de cualquier cosa. Diorama que me enfrenta a un sin número de reflexiones sobre los mismos.

¿Cuántos tipos de deseos hay? Los hay líquidos, borrosos, olvidados, frustrados, conseguidos; deseos  íntimos o colectivos que nos llevan a un viaje desconocido, a un cruce de líneas y de espacios invisibles donde todo es posible. Somos seres deseantes, hay algo atávico en ello que crea esa necesidad de cambio, porque en la misma acción de desear lleva implícita la acción de cambiar. Y es en la fragilidad, en  la mutabilidad  o la incertidumbre de los mismos  donde nos reconocemos unas veces,  o nos despreciamos  muchas otras.

En ese trayecto imaginario y emocional aparece un nuevo deseo, un proyecto que debe viajar, crear, y sobre todo emocionar como un pequeño diente de león.

Es la creación y producción colectiva de un Museo Portátil, espacio abierto, vivo  e inquieto, donde las obras expuestas como pequeñas teselas se convertirán en historias.

Transitar por diferentes recorridos, fronteras invisibles e imaginarias donde moverse libremente, o más terrenales  y dificultosas de franquear; espacios yermos o fértiles  donde cualquier cosa puede suceder.

Continente y contenido juegan con el presente, pero más con el futuro, ese futuro aleatorio, de encuentros únicos que marcarán el recorrido del mismo. Paseo errante entre instrucciones que invitan a relacionarse con este pequeño museo portátil, tan diferente al museo tradicional, donde el control, la dependencia, el acatamiento,  y el poder que lleva implícito se diluye aquí, en una pequeña caja de madera, donde libertad y creación  producirán un resultado imprevisible.

Lo que sucederá en el tiempo en este espacio imaginario y dúctil es difícil de predecir. Sólo me queda soplar este pequeño diente de león-museo portátil, y dejarle volar, convencida que este deseo sí se cumplirá.

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Una caja (y no morir en el intento de volverlo a empaquetar)_Guillermo Navarro

Me incorporé a transportArte con la intención de colaborar en el hecho de envolver en una caja la creación de varios y heterogéneos autores.  Mi primera reacción, casi física, fue la de pánico.

Construir una caja que albergara materiales de diversa naturaleza y que –además– viajara, debería asustar a cualquier individuo medianamente prudente. Aun así, decidimos ponernos “manos a la obras” y planificar una caja que sirviera no solo para transportar las piezas sino que, también, facilitar su exposición. Ideas contradictorias o complementarias tales como museo/mausoleo, caja/encierro, instrucciones/claridad, idioma/incomunicación, iconos/comprensión, orden/libertad, mensaje/botella, origen/destino, remitente/destinatario… reaparecieron enfrentándose a conceptos –más prosaicos y casi sórdidos– como el tiempo, la calidad o el coste. Así pues, la idea, casi antitética, de un Gabinete de la Maravillas viajero afloró, así como la de un bargueño liviano y la de un cubo de Rubik desplegable, la de un diagrama de distribución en la superficie del desarrollo.

Ahora bien, pensar y producir un embalaje que sirva de contenedor (seguro y robusto para su transporte intercontinental) y organizador y que, además, al desplegarse ser convierta en el mapa/diagrama sobre el que distribuir las piezas que alberga lo que lo convertirá en una sala de exposiciones proporcional a su contenido no es una tarea fácil. Gracias al trabajo en equipo, la coordinación y las sinergias generadas entre todos los participantes se ha podido obtener una propuesta que cumple los objetivos de la misma y, además, es tremendamente funcional.

La caja/museo/sala de exposiciones ha pasado por distintos estadios, desde una combinación de embalajes de cartón estandarizados, compatible con el presupuesto disponible y con la información serigrafiada, a la caja de madera desplegable producida por el equipo, complementada por embalajes/contenedores de cartón con la información gráfica de las instrucciones de empaquetado y exposición plasmada a través del uso de plantillas.

Todo el proceso que ello implica, a mi entender, es lo más fascinante de todo esto al combinar un proyecto con una planificación y una labor intelectual, no solo a nivel instrumental sino, también, a nivel conceptual y una labor técnica de realización de todo el artefacto que no hace sino reflejar uno de los rasgos característicos del ser humano, la creatividad.

Aquello que nos convierte en homo faber.

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CUADERNO DE VIAJE_ Fátima Zohra

“Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación. El resto no son sino decepciones y fatigas. Nuestro viaje es por entero imaginario. A eso debe su fuerza. Va de la vida a la muerte. Hombres, animales, ciudades y cosas, todo es imaginado. Es una novela, una simple historia ficticia. Lo dice Littré, que nunca se equivoca. Y, además, que todo el mundo puede  hacer  igual.  Basta  con  cerrar  los  ojos. Está del otro lado de la vida.”

Louis-Ferdinand Céline

Basta con cerrar los ojos. Basta para uno mismo. Pero la vida, gran viaje, está para ser compartida. ¿De qué sirve cerrar los ojos y regocijarse en mundos imaginarios que nadie jamás podrá ver, disfrutar? ¿De qué sirve mirar, reflexionar, experimentar, respirar, si no vamos a dejar huella en el camino, una mínima presencia de que algo hemos entendido?

Caminante no hay camino…

El cuaderno de viaje como un útil de presencia, como un medio en el que expresar los segundos diarios que no quieren pasar desapercibidos. La mezcla de la palabra y la imagen para poder llegar a ser entendidos por quien quiera comprender.

Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo dijo Arquímedes, nosotros decimos: dadnos un cuaderno y un lápiz y contaremos (en) el mundo. Contaremos lo que hemos visto, lo que hemos vivido y lo que imaginamos, pues no todo lo que existe es lo único que podemos describir. Abrir y sumergirse en un cuaderno de viaje es entrar en un mundo personal que crea nuevas puertas de comprensión que ayudan a saber qué es lo que nos rodea, un análisis subjetivo de la vida que ofrece y crea nuevos mundos a partir de aquel que compartimos unido a experiencias únicas, generando nuevos caminos de entendimiento, ayudando a dejar un poco de lado el propio ombligo para entrar, como si de un agujero negro que nos absorbiera se tratara, en el de otros: particulares universos que acabaran siendo también el nuestro.

Caminante no hay camino…

Los cuadernos de viaje son capaces de crear conciencia, ya no sólo cuando leemos uno, sino cuando lo creamos, pues nos capacitamos de una observación y expresión analítica del camino que seguimos, nos define como individuos errantes, científicos del aire que no sólo respiran, también saborean.

En transportArte ofrecemos una gran mesa, con nuestros pequeños manjares, que viajarán con la idea de ser degustados y que se unan nuevas delicias para crear poco a poco, destino a destino, La grande Bouffe de experiencias, porque…

Se hace camino al andar.

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MUSEO QUE VIAJA. De la web a las redes_ Daniel del Saz

Corría el año 1972 cuando, a este lado del Atlántico, Gilles Deleuze y Félix Guattari comenzaban a desarrollar, en su proyecto Capitalismo y Esquizofrenia, el concepto filosófico de “Rizoma”. Una “imagen de pensamiento” que aprehendería las multiplicidades propias de su contraparte botánica. Así, de acuerdo a los autores, resultaría un modelo epistemológico en el que, a semejanza de su contraparte botánica, la organización de sus elementos no seguiría una subordinación jerárquica como la propia de los árboles —en los que el tronco, que da origen a las ramas, resultaría el elemento de mayor nivel jerárquico– si no que, al carecer de un centro, se contrapondría a este modelo de árbol (de Porfirio) eliminando por completo ese carácter jerárquico y haciéndolo de particular interés para la ciencia, la sociedad, la semiótica y la teoría de la comunicación contemporáneas.

Corría el año 1969 cuando, esta vez al otro lado del Atlántico, se transmitía el primer mensaje a través de ARPANET —la red precursora de Internet— cuyos orígenes conceptuales se remontan a los inicios de esa misma década. Demasiados actores y actos implicados en su concepción y su puesta en práctica como para poder mencionarlos a todos. Nos centraremos tan solo en uno, Paul Baran quien, desde finales de la década anterior, trabajaba en una red segura de comunicaciones —con fines militares— que fuese capaz de sobrevivir a un ataque con armas nucleares. Dos eran las ideas clave de esa red: el uso de una red descentralizada con múltiples caminos entre dos puntos y la división de los mensajes completos transmitidos en fragmentos que seguirían caminos distintos. En otras palabras, un rizoma.

¿Conocerían Deleuze y Guattari ARPANET? ¿Contribuyó en ARPANET el concepto de rizoma? No es la primera vez que nos podemos preguntar algo así, ¿conocería Mark Weisser la obra de Valery cuando teorizaba acerca de la computación ubicua?

Corría el año 2018 cuando, de nuevo a este lado del Atlántico, ‘transportArte’ comenzaba su viaje. En su origen y desarrollo intervenían actores provenientes tanto de las ciencias, como de las artes y las humanidades. Actores que conocían la obra de Baran y de Deleuzze y Guattari; de Valery y de Weisser. Conocido para ellos era el origen de este viaje, desconocido su final. Sabían que, en su viaje, ‘transportArte’ probablemente no haría más que aumentar su distancia respecto a ellos pero también que, gracias a un rizoma, siempre permanecería a su lado.

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CUERPO ROBOTIZADO_ Joaquín Díaz

Siempre he pensado en las personas y en mí mismo como seres incompletos que buscamos en las experiencias, las enfermedades, el estudio y el arte eso que aún no hemos vivido, y por lo tanto no conocemos, pero que nos hace falta. A veces al conocer a alguien encuentras en sus aficiones cosas que te gustan pero no sabías que te gustaban. Como la vida es flujo y las cosas no permanecen, ni las personas, pero eso que llegó con ellas se queda integrado en nosotros como algo propio.

Pensemos en el robot de un videojuego: nuestro pequeño héroe se enfrentará a muchos peligros y conocerá a otros amigo mecánicos y orgánicos para completar su misión y rescatar a alguien, llegar a un lugar mejor o para restaurar el orden de un mundo a punto de colapsar. Para lograr eso necesita encontrar partes de sí mismo en el camino y así, una vez (r)evolucionado, completar su misión.

En este sentido imagino transPort:Arte(); como ese robot que esperamos recorra el mundo y en su contacto con ustedes, artistas-personas de otras latitudes, se complete conceptual y materialmente.

Un robot está formado, a groso modo, por sensores, actuadores y una computadora. Podríamos clasificar los sensores que tiene en externos e internos. Los externos le permiten recibir información desde el mundo como distancias, imágenes, sonidos y los internos, como la propiosepción en los animales, conocer el estado de sus mecanismos, como temperatura, nivel de carga de la batería, cantidad de datos procesados etc, y entonces saber si es necesario recargarse, encender los ventiladores o desconectarse. Rosalind W. Picard en su libro Affective Computing explora la idea de una computadora sensible pero se pregunta ¿Qué tipo de sensaciones serían importante para ella?

Un robot que siente y se apega a la vida, es uno de los temas clásicos de la ciencia ficción, pero estos robots más que explorar la posibilidad de la vida artificial reflejan esa parte de nuestras sociedades que se está deshumanizando.

Como mencioné al inicio veo la mente humana como un ente incompleto, con bugs que nos llevan en algunos momentos al límite de la supervivencia. La posibilidad de una vida artificial consciente podría tal vez insertar una interferencia en la onda sonora de nuestra existencia y provocar una deriva hacia otro rumbo, que esperamos sea mejor del que se vislumbra ahora.

En aras de la búsqueda de esa experiencia que nos completa  lanzamos trasnPort:Arte(); al mundo, a ustedes para que la reciban y tomen lo que les hace resonar y dejen nuevas notas para los que vengan.

Esperamos recibir al final del viaje a ese cuerpo robótico que se fue buscando y regresa completo, no entero necesariamente, pero completo.

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ArteSonía Corporal: Panspermia Electroacústica Propiocepción_Un concierto Panspérmico_ Julio Sanz Vázquez

Panspérmicos, o lo que es lo mismo, latentes como una semilla perdida en el universo esperando encontrar un lugar con las condiciones adecuadas para desarrollarse… un grupo de jóvenes artistas deseosos de poder mostrar sus creaciones al mundo…

Tras realizar el  taller “Propiocepción Panspérmica Electroacústica”(*) con el Compositor Julio Sanz Vázquez y los alumnos de la profesora Sylvia Molina en la facultad de BB.AA de la UCLM, descubrimos el Arte de trabajar los sonidos emergentes de nuestro propio cuerpo  y de combinarlos en una “micro-composición”.

Con el resultado de estas “micro-composiciones”, realizamos una Composición Musical Colectiva trabajando artesanalmente los sonidos generados conscientemente o no por nuestro cuerpo.

Despertar  la conciencia de los sonidos corporales a través del sentido de  la Propiocepción.

Las músicas emergentes de la materia y ese sentido que nos permite conocer cada parte de nuestro cuerpo sin la necesidad de verlo o sentirlo que regula también la dirección y rango de nuestros movimientos, además de permitir reacciones y respuestas automáticas.

Utilizando las técnicas de grabación y tratamiento electroacústico. Basado en la serie “ArteSonías” del Compositor Julio Sanz Vázquez. Se desarrollan una serie de composiciones musicales que serán parte del museo portátil y del concierto-performance para su envío.

(*) Véase Panspermia Sonora: http://fuzzygab.uclm.es/category/panspermia-sonora/

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